Escuchadora

 

Parece ser que en Japón, un país muy occidentalizado en referencia a la industria y economía pero que nunca ha perdido sus raíces culturales, existe una figura muy extendida que es la de escuchador. Así, de Oriente no solo vienen los Magos, figuras de la sabiduría ancestral que la tradición sitúa en los pies del recién nacido, sino que nos llegan diferentes maneras de pensar y obrar. La globalización es un hecho también en el campo de las filosofías de vida.

Escuchar debería ser una actividad habitual, natural entre las personas. Pero no lo es. ¡Los humanos tenemos errores! Así se habla mucho y se escucha poco. La escucha es una virtud cada día más rara y no solamente porque todo el mundo tiene prisa. Escuchar pide empatía, paciencia, generosidad hacia los demás, e incluso, ganas de aprender. Escuchando se aprende tanto como leyendo, esto lo saben muy bien los educadores, sean padres o maestros. Con un nivel de inteligencia normal, abrir bien los ojos y poner las orejas no hace perder muchas noches estudiando, la atención plena hace milagros a la hora de cursar estudios.

Este oficio de escuchador, que tal y como van los tiempos cada día será más necesario, parece precisar de unas cualidades humanas esenciales, debido a que escuchar pide disposición, atención, comprensión, paciencia, ternura. En la actividad de la escucha, el diálogo que se establece se basa en la recepción activa del otro. Es necesario que nos paremos de vez en cuando y preguntarnos de verdad que es lo que realmente se quiere de la vida.

Esta es la pregunta filosófica más importante que nos podemos hacer, pero que vamos posponiendo día a día, no fuera que en el momento de darle respuesta acabásemos por entender que nos estamos equivocando del todo.

Cuesta mucha volver atrás, pero a veces es necesario para tirar adelante.

Cuando empezamos a entender que los humanos somos frágiles y tan efímeros, nos hacemos más plásticos y más flexibles a la hora de escuchar. Simplemente nos vamos haciendo más acogedores, más cálidos, y si se me permite más maternales, seamos hombres o mujeres. Más allá del hecho biológico la maternidad es una actitud receptora, que nutre, comprensiva. Necesitamos la maternidad para crecer: la que nos viene des de fuera y la que debemos ejercer interiormente.

Escuchar forma parte de esta actitud maternal que proporciona un bienestar impagable: ser atendidos, respetados, considerados como personas.

De la misma manera que un recién nacido no puede sobrevivir sin que se cuide de él, tampoco los adultos no podemos sobrevivir sin calor humano.

Sesión de 60 minutos: 20€

 

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